miércoles, 31 de octubre de 2012

He tenido la ocasión, a través de un amigo compositor, de conocer y escuchar diferentes composiciones de música electrónica, más conocida como techno. Este género musical es lo más utilizado en unos encuentros, organizados de forma bastante espontánea al aire libre, en campos o en antiguas zonas industriales abandonadas en la periferia de nuestras ciudades europeas. Se trata de los encuentros conocidos bajo el término inglés rave party.

No era la primera vez que tenía la ocasión de escuchar este tipo de música, pero fue probablemente la primera en que logré acercarme, sentir y hacerme una opinión sobre ella y sobre las emociones que la misma produce en las personas que la aprecian.
Generalmente para las personas de mi generación crecidas con el fondo musical de U2, Police y otros grupos de la época, la primera vez que escuchan la música techno les parece como algo bastante repetitivo, sin alma. La persistencia de sonidos bajos con la misma cadencia “bum, bum, bum, bum“ y la aparente falta de melodía hace que a menudo se produzca cierto rechazo o en todo caso un desprecio a este género.
Creo que a diferencia de la música de mi época que, sobre todo, hablaba a la cabeza, la techno se dirige al cuerpo en su conjunto: la repetitividad de los bajos “bum, bum, bum“ al cabo de un rato se trasforma en una especie de mantra corporal o mejor dicho en un sonido muy familiar, el primer sonido que todos hemos conocido, el sonido del corazón de nuestra madre cuando estábamos en su vientre.
Es una música que habla más que a un cuerpo a “los cuerpos“ y no es por casualidad que se organicen encuentros grupales para escucharla y compartirla. Probablemente estos grupos reencuentran de esta manera cierto sentido de pertenencia y comunión, pisando juntos al mismo ritmo una misma tierra, con el único ritmo de un mismo corazón y, por fin, un sentido de trascendencia que une como un hilo la Tierra con el universo.
A diferencia del placer o la plenitud facilitadas por otras formas de arte donde somos nosotros quienes decidimos si seguir o no viendo un cuadro o leer un libro, simplemente cerrando o abriendo los ojos, la música no nos pide permiso, penetra, es imposible cerrar los oídos. Podemos irnos, cierto, pero si nos quedamos no tenemos todo el control, debemos delegar, compartir, trascender de nosotros.
Si todo esto fuera cierto podríamos ver y comprender mejor las motivaciones, las emociones que parte de estos jóvenes buscan en esta música en estos encuentros evitando juicios y prejuicios.
En tiempos difíciles para la humanidad siempre hay personas que intentan ir mas allá que las apariencias de lo superficial, como pasó en los siglos que constituyeron el Medievo, en los que personas como Tomás de Aquino lograron rescatar de las antiguas enseñanza griegas, pacientemente recopiladas a manos de los monjes en el silencio de los monasterios, “otra forma de grupo y comunión en busca de trascendencia“, las bases filosóficas y del razonamiento sobre las que luego pudo desarrollarse el Renacimiento y los fundamentos culturales de buena parte de la modernidad de Occidente.
Confío que en estas generaciones también haya personas así. A veces las sorpresas surgen de donde menos se esperan.

Autor: LUCA FRANCESCHI

Sentimientos de contrariedad

Vivo en una sociedad que se desgasta con la mirada.
Los valores que me enseñaron y los que aprendí por mi cuenta se pierden detrás de cada copa, de cada cerveza, de cada porro, de cada ralla... en definitiva se pierden en cada persona que conozco.

La gente está tan confusa que es el sálvate o muere... pero no se lucha por la supervivencia... se lucha por el pasotismo, se lucha por el disfrute de aquí y ahora...

No les importa nada, a estas personas de hoy en día les importa solo ser feliz en ese momento en el que viven, sin pensar en nada del mañana.
Algunos dirán:
eh! que yo me estoy sacando una carrera para el futuro... no señores no me refiero a eso.
Como muchos ya me conocéis no me andaré por las ramas.

Soy un romántico, amo el amor.

Por eso mismo me cuesta tanto entender como la gente que puede tenerlo no quiere tenerlo.
Hay veces que la llama es tan fuerte que quema... y aun así hay que hacer como si nada, por que no sabemos que puede pasar... ¿hola? ¿¿¿estas dispuesto o dispuesta a no saber que pasará solo por miedo a que no sea bueno???

Soy bastante pesimista, pero fíjate, en esta cosa tan sería que puede tener mil razones y motivos para ni planteartelo... no veo nunca lo malo.
Prefiero probar que pasa a no saber lo que pude perder.

Todo el mundo tiene derecho a su opinión... pero el miedo no es una opinión, es una reacción negativa a estímulos... y podría pensar que a estímulos negativos es normal tenerles miedo... pero  a otros?

Simplemente creo que la gente no se toma la vida en serio... que vemos muy lejano todo lo que nos puede suceder... los tiempos cambian, las drogas cambian, la música cambia... las personas se están volviendo mas asociales que nunca, porque si, todo el mundo tiene un facebook, un twitter o un tuenti... un whatsapp... móviles...
Pero cada vez estamos mas desconectados de las personas.
Cada vez la gente tiene mas miedo a sentir.
A dejarse llevar por lo que le dicta el corazón, lo que le pide el cuerpo, lo que le pide la mente...
Muchas veces pienso que las drogas (alcohol incluido) esta matándonos de una manera emocional... ya solo sentimos si vamos puestos de alguna cosa... los sentimientos mas fuertes hacia un amigo son con una droga invadiendo tu cuerpo... error señores...
los sentimientos mas fuertes son los que tienes a la cara, serenos, solo una mirada, un acercamiento...
Si en ese momento sientes algo, si ves un brillo en los ojos de alguien que te atrae... aprovecha el momento... no pienses en lo que puede pasar... no pienses en lo malo... lo malo puede llegar, o no... la historia puede cambiar, o no...
Señores no os cerréis en banda... la libertad nunca acaba... y nosotros seguiremos siendo nosotros... pase lo que pase!